El estado emocional del niño o niña y en segundo lugar, su padre y/o madre, es fundamental a la hora de transitar una intervención quirúrgica. 

El Hospital Universitario General de Villalba, integrado en la red pública Madrileña, ha desarrollado un importante proyecto Diario de un viajer@ intrépid@ como parte de su estrategia de humanización. 

El objetivo es crear una zona quirúrgica más adaptada a las necesidades del niño y de su familia y convertir la intervención quirúrgica en una aventura familiar. Tranquilidad y confianza son los pilares básicos que se pretenden transmitir a niños y padres con el fin de reducir el estrés.

Con el proyecto “Diario de un viajer@ intrépid@” los niños y niñas junto a sus padres se adentran en un viaje lleno de aventuras con la idea de que el proceso de la intervención se convierta en una travesía, con mapa incluido, que consiste en conseguir, en las distintas etapas del proceso quirúrgico, un sello que servirá para cumplimentar un pasaporte. Todo empieza cuando el niño entra en Admisión en el Bloque Quirúrgico. 

A partir de aquí, y en cada una de las distintas etapas, pasará por varias fases: salas de espera, box de preparación y recuperación o mensajes de los profesionales que ayuden a reducir el estrés de niños y padres. El final del viaje será cuando el niño se despierta tras la intervención, que es cuando consigue el último sello. 

En todo este viaje se fomenta la participación activa de los padres y se va informando, tanto a unos como a otros y adaptando la información a la edad del niño, de las fases y pasos en los que se basará el proceso. “Saber qué pasos se van a dar y dónde, cuándo y cómo va a estar su hijo les hace involucrarse más, estar más activos y, sobre todo, más relajados”, afirma Bote.

Se cumplen así algunos de los derechos del niño hospitalizado que enumera la Sociedad Española de Cirugía Pediátrica, como por ejemplo el “derecho a estar con sus padres en los momentos de tensión y a ser tratados con tacto, educación y comprensión”.

Adaptar y mejorar los espacios de atención pediátrica es el primer paso para humanizar la atención a los niños. También permitir que conozcan en cada momento qué va a ocurrir y que tanto niños y niñas como los adultos sean conscientes de lo que les espera en cada parada. Todo ello repercute de forma directa y beneficiosa en el dolor que perciben los niños y niñas.

También el hecho de que el padre o la madre pueda acompañar a su hijo o hija hasta el quirófano y que sea la última y la primera persona que vea cuando se despierta minimiza el riesgo de sufrir “delirium hospitalario”. Además, la estancia en reanimación se acorta y, por tanto, también se reduce el nivel de estrés en el núcleo familiar.

Los beneficios de humanizar este tipo de proceso se trasladan también a una necesidad menor de tener que administrar fármacos hipnóticos-sedantes durante el preoperatorio, con lo que se reducen los efectos secundarios, la inestabilidad hemodinámica y la administración de analgésicos postquirúrgicos.

 

Fuente:

Mercè Palau “Menores en el quirófano: cómo hacer su experiencia más llevadera.” 

https://www.eldiario.es/edcreativo/diario-salud/menores-quirofano-experiencia-llevadera_1_10146994.html